¿Rabietas?

Ahora que Nicolás lo entiende (casi) todo y que con su lengua de trapo lo dice (casi) todo, ha empezado la etapa de las temibles rabietas. Tema tan controvertido que daría para horas de debate, y tan real como que no he conocido ninguna familia que no haya pasado por esta fase.
En nuestro caso, por el momento no hemos vivido una de esas situaciones que tanto incomodan a los padres y madres en las que el niño se tira al suelo y patalea durante larguísimos minutos mientras el adulto trata de que la rabieta termine lo antes posible. Nicolás es bastante razonable, y aunque muchas veces tiene muy claro lo que quiere, no resulta complicado negociar con él. Generalmente, empatizar con él y permitirle expresar su enfado suele ser suficiente para después poder negociar con él. Evidentemente hay situaciones que no son negociables y en esos casos mayores dosis de empatía y contención suelen ser una buena receta.
Llevo unos 6 meses esperando que Nicolás me ponga en una de esas incómodas situaciones, pero de momento no ha ocurrido. Y creo que hay una parte que tiene que ver con objetivos que me he marcado. Lo que quiero decir es que tengo muy claro qué asuntos de nuestro día a día no merecen un conflicto. Y no, no estoy hablando de evitar los conflictos porque sí, estoy hablando de evitar aquellos que no aportan nada y que en el fondo, sólo “calman” la necesidad de los padres y las madres de reforzar su posición de poder con respecto a los hijos e hijas. Pues bien, yo he llegado a la conclusión de que no necesito pelear con mi hijo para sentir que yo mando. Porque además creo que no siempre mando yo. No siento que él “se sale con la suya” si cedo. Creo que si quiero que Nico sea flexible, es importante que vea flexibilidad.
Y por eso, he hecho una pequeña lista mental de aquellos temas por los que me niego a pelearme y/o a llamar la atención a Nicolás y por los que estoy dispuesta a negociar y ceder:
– No voy a tener un conflicto porque se manche
– Ni porque quiera saltar en un charco
– Tampoco le voy a regañar sin no quiere terminarse la cena o si prefiere hacerlo más tarde
– No voy a pelear con él porque su ritmo sea 20 veces más lento que el mío y tarde media hora en recorrer 10 metros.
– No le voy a llamar la atención si no quiere dar un beso a alguien
– Tampoco me voy a enfadar con él si quiere seguir jugando y es la hora de irse

Estoy segura que está lista irá creciendo con el paso de los años. Y estaré encantada de seguir añadiendo temas a mi lista mental que eviten que la relación con mi hijo se convierta en una lucha de poder.
Llevo muchos años viendo a padres y madres en permanente lucha con sus hijos por todo y creo de verdad, que desde ese planteamiento, la batalla está perdida de antemano.

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