Descubriendo a Nicolás

Me fascina observar como Nicolás se va convirtiendo en él mismo. Como va dejando de ser una prolongación nuestra hasta empezar a ser mínimamente independiente. Tiene su propio criterio, sus gustos, sus preferencias. Decide si alguien le cae bien o no. Es alucinante verle crecer y descubrirle. Es como cuando conoces a una persona y en cada situación vas descubriendo cosas nuevas que te dan información de cómo es. Y si esa persona, es tu hijo, la fascinación se multiplica por un millón.
Me hace gracia cuando Patty y yo nos contamos cosas de Nicolás que hemos visto o vivido con nuestro hijo; algo que ha hecho en el parque, un gesto que ha tenido al ver algo.
Nicolás tiene ya un montón de rasgos que le definen y le convierte en Nicolás. Sigue siendo tan mimoso como cuando apenas pesaba 2 kilos y se acurrucaba en nuestro pecho a todas horas. Lo que más le gusta es abrazarnos a mamá y a mami y comernos a besos. Le encanta pasar lista y nombrarnos con una enorme sonrisa; “aquí mamá, aquí mami y aquí titoooo”. Si, desde hace unas semanas ha aprendido que se llama Nico o “tito”. Y parece que le gusta su nombre.
Nicolás es un tipo serio. No sonríe a los desconocidos por mucho que nos empeñemos. Dicen que tiene mirada de notario. Es capaz de mirar fijamente a alguien y no retirar la mirada hasta que lo considera oportuno. Socialmente, es más fácil que tu hijo sea muy simpaticón y sonría a cualquiera y se vaya con el primero que pasa. Parece que está mejor visto, pero a mí, me encanta que sea selectivo. La parte más complicada es cuando muestra su disconformidad o su malestar empujando o pellizcando al que le está incomodando. Yo le entiendo. Entiendo que por el momento no ha encontrado otra forma de expresarlo, pero reconozco que me incomoda sentir la mirada del padre o de la madre del agredido sobre mi nuca esperando una gran reprimenda que no llega. Las relaciones en los parques no siempre son fáciles porque te encuentras a padres y madres que impiden que los niños y las niñas se relacionen con naturalidad. Yo no pienso obligar a Nicolás a compartir, todavía no entiende que es eso y estoy segura que él sabrá cuando está preparado para hacerlo y disfrutarlo.
Empieza a entretenerse solo algún rato aunque sin duda prefiere que nos tiremos al suelo a jugar con él. No perdona que mami le lea “donde viven los monstruos” cada noche antes de dormir. Por cierto… ¡ya duerme toda la noche del tirón! Y cuando se despierta cada mañana, entona suavemente desde su habitación un “mamá-mami-mamá-mami” que hace que salgamos de la cama pitando con cara de tontitas.
Bailar le vuelve loco. Es divertidísimo ver como mueve las caderas en cuanto escucha cualquier ritmo. Todavía no tiene muy definidas sus preferencias, pero está claro que tiene ritmo y una buena maestra educando su oído con buena música.
Me enamora ver su felicidad cuando estamos los tres juntos. Le encanta que Patty y yo nos demos besos y abrazos y deja lo que esté haciendo para participar.

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