Otra forma de verlo

Reencontrarme con mi amor y compartir con ella un domingo, unos vinos y una tapa de ensaladilla ha sido lo mejor que me ha pasado en los últimos días, qué digo días, meses!!!
Patty y yo disfrutamos ayer de unas horas de libertad e intimidad. ¡¡Y qué bien nos sentó!! Estábamos a punto de olvidar lo que significa empezar y terminar una conversación antes de que pase una semana, besarnos sin que Nicolás quiera participar y se convierta en un morreo a tres bandas o caminar y tener las dos manos disponibles; vamos, lo que es relacionarnos como si nuestra vida no fuera una carrera de relevos y Nicolás fuera el testigo.
No podemos quejarnos, tenemos la suerte de disfrutar de escapadas como la de ayer de vez en cuando. Pero yo siempre quiero más. Ya hace tiempo que escribí acerca de la confianza que tengo en nuestra relación de pareja a pesar de que los primeros años del primer hijo no sean precisamente el mejor momento. Pero ya no se trata de una cuestión de confianza, es una cuestión de necesidad.
Saber recolocarse tras el nacimiento del primer hijo lleva su tiempo. Yo aún no tengo claro si lo hemos conseguido o será una tarea para el resto de nuestras vidas. Pero mientras intentamos recolocarnos, quiero seguir divirtiéndome con mi mujer.
He escuchado millones de veces eso de que tener un o hijo te une mucho a tu pareja o te separa. Yo cambiaría la o por una y.Y añadiría que tener un hijo te aleja de tu vida anterior. No es que te aleje, es que desde el día que sales del hospital con tu retoño en brazos, se levanta detrás de ti un inmenso muro que te separa por siempre jamás de todo aquello que antes te llenaba y te hacía crecer.
Ahora bien, nadie dice que en ese muro gigante, no se puedan abrir pequeñas (si, pequeñas) puertas que te mantengan conectadas con todo aquello que solías hacer antes de ser madre. Por ejemplo divertirte con tu pareja.
Los primero meses son duros, eso ya lo dice todo el mundo. Lo que no dicen, es que no son sólo los primeros meses, es que todo lo que viene después es igual de duro o más. Mejor estar preparadas para no pensar que son sólo los primeros meses porque después de quince meses, nosotras seguimos sin dormir más de cuatro horas seguidas, sin empezar y terminar una comida juntas y sin ducharnos con la puerta cerrada. Pueden parecen detalles sin importancia, sacrificios que merecen la pena, pero ¡qué duro es sacrificar tanto!
Así es ahora nuestra vida. Nicolás empieza a dar sus primeros pasos y aprovechando la coyuntura, sus mamás tratan de abrir puertas en ese inmenso muro, que las lleven directamente a todo aquello que se quedo atrás.
Y lo mejor de todo, es que lo vamos logrando. Como siempre, es una cuestión de tiempo, sacrificio y amor. Las tres palabras más importantes, las únicas importantes diría yo, en el diccionario de la maternidad.

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