Un nuevo duelo

La maternidad está llena de bienvenidas y de duelos. Hace apenas unos meses decíamos adios a nuestro pequeño Fiat 500. Fue un momento dificil porque de alguna manera significaba decir adios a una etapa de nuestra vida. Aquella en la que Patty y podíamos sentarnos juntas en la parte delantera y hacer manitas mientra una conducía. Aquella etapa en la que surcábamos las calles de Madrid sin otro plan que la improvisación.
Pues bien, una nueva despedida asoma por la ventana. Nos mudamos. Dicho así no suena nada mal. Hemos encontrado una preciosa casa, amplia, con mucha luz, mogollón de armarios, piscina, jardin…¿suena bien verdad? Sólo tiene un pero: periferia!!!
Después de mucho pensar, buscar, hablar y valorar, Aravaca ha gando a Chamberí por los pelos.
Yo me consuelo pensando que aravaca es un distriro de madrid al que llegan los autobuses rojos y que por primera vez en mi vida dejaré de gorronear piscinas ajenas.
Los cambios me gustan, la casa nueva es genial y vamos a estar muy a gusto. Pero tengo que reconocer que siento cierto vertiguillo porque nunca he vivido lejos del centro. Adoro la vida de barrio. Esta mañana casi lloro al despedirme del frutero y me cuesta imaginar mi vida sin las cañas de “el doble” los paseos cargados de recados, las conversaciones con el charcutero…
Pero asi es la vida, y ahora estamos en modo “madres”. Y no es que chamberí no sea un sitio estupendo para crecer; mi hermano y yo somos un claro ejemplo de que es posible crecer en el asfalto y no morir arrollado por los coches. Sin embargo, digan lo que digan, los precios de las viviendas no han bajado; al menos no lo suficiente como para que Nicolás pueda tener espacio para entrenar en su recién estrenada técnica de reptar.
Así estamos, inmersas en el maravilloso y estresante mundo mudanza.
Mientras, Nicolás, ajeno a que en menos de una semana dejará de escuchar es estruendo de la calle Rios Rosas y se despertará (espero) con el canturreo de los pájaros, sigue creciendo feliz. Sin dientes pero feliz. Domina los cinco lobitos y las palmitas y lo demuestra ante cualquiera que le regale una mirada. Se ha bañado por primera vez en la piscina (de gorroneo) y le ha encantado. También ha probado los columpios con su amiga Uma y lo ha agradecido con un sonrisa que no le cabía en la cara.
La vida sigue, Nicolás me recuerda cada día la importancia de estar en el “ahora”, asi que hasta que llegue el martes, exprimiré cada minuto en la gran ciudad.

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Una respuesta a Un nuevo duelo

  1. Pues Bea, qué quieres que te diga… Los cambios siempre son complicados pero si creeis que es lo mejor para el enano en nada os haréis a la nueva vida, con un nuevo charcutero, un nuevo frutero…. y cuando os hayáis dado cuenta ya pensaréis que no hubo un antes de la nueva casa. Ojalá estéis allí a gusto. Un besote guapa!

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