Mi parto no respetado

Aprovechando que esta semana se celebra la semana mundial del parto respetado, aquí va el relato de mi parto, un parto con el que nunca había soñado. A pesar de todo lo vivido, nueve meses después, volvería a partir mil veces mas.

Tras un proceso de fiv que terminó en embarazo en el primer intento, todo transcurría con normalidad, excepto por las fuertes subidas de tensión que padecía cada vez que iba a consulta. Ya en la revisión de la semana 8 la tensión daba altos valores. Pero ningún ginecólogo de los muchos que me vieron, me advirtió de los riesgos de la hipertensión. Se limitaron a pedir que me controlara yo misma la tensión en casa con la consigna de acudir a urgencias si la mínima subía por encima de 9. Pero eso nunca ocurrió, en casa mis tensiones eran normales. Sin embargo, cada vez que iba a revisión me asustaba con los valores tan altos del tensiometro. Pero nadie me habló nunca de preclampsia. Me mandaban a una sala a tumbarme y relajarme hasta que bajaba y después a casa. Y así viví mi embarazo, con la sensación de que algo no iba bien y con la frustración de que nadie me hiciera caso. Veía que mi barriga no crecía como yo pensaba que tenía que crecer. Y sentía a mi bebé poquito y muy suave. Sabia que Nicolás iba a ser un pequeñito y eso me asustaba. Jamás sentí una buena patada de esas que cuentan otras embarazadas. A pesar que en la eco de las 12 nos asustaron por detectar un soplo en el diminuto corazón del feto, en la semana 16 esto se descarto y nos confirmaron que era un niño y estaba perfectamente sano.
Conoci a Yolanda, la que seria mi doula a través de las clases de yoga para embarazadas y gracias a ella, empece a colocarme en un lugar diferente y a tomar conciencia de lo grandioso de la gestación y la importancia de vivir el parto de forma positiva y sin miedo.
La eco de la semana 20 me dejo tranquila, estaba todo bien. Ahora tocaba esperar hasta la próxima eco en la semana 34. Yo rezaba para que mi tripa creciera y creciera y suplicaba a mi bebé que me diera señales de que todo iba bien. Pero esto no ocurría con la frecuencia que yo deseaba. Los movimientos de Nicolás eran suaves y casi imperceptibles y eso me asustaba mucho. Y en la eco de la semana 34 se confirmaron mis miedos, el bebé tenía el tamaño de 4 semanas menos. El ecografista nos dejo con la preocupación pero no nos dio más explicaciones, “ya os las darán en la consulta la semana que viene”. La ginecóloga nos explico que no era para preocuparse siempre que el bebé siguiera cogiendo pesó. Por aquel entonces pesaba 2,100 y para mi tampoco estaba tan mal puesto que faltaban 6 semanas de gestación en las que se supone que el feto gana mucho peso.
Y la tensión seguía asustandome en la consulta. Pero seguían sin advertirme de lo peligroso de la tensión alta en el parto aunque me dieron la baja y me prescribieron reposo relativo. Yo empezaba a coger miedo al tensiometro y casi ni me atrevía a mirar los valores.
Me hicieron volver a las 2 semanas para controlar el peso de mi bebé. Semana 36 y 2,400, la cosa no iba tan mal, excepto por mi tensión. Estaba disparada así que me mandan a monitores para asegurarse de que el niño está bien. Tras 1 hora me dejan ir. Vuelvo en la semana 38+2. Tensión extremadamente alta. El bebé pesa menos que hace 15 días, “esto sólo se soluciona pariendo” nos dice la gine. Así qué me quedo ingresada para inducir el parto.
En un momento, todos aquellos meses de preparación con nuestra doula se desvanecieron. Lloraba de pena porque sabía que el parto deseado no llegaría nunca. Nuestro plan de parto acabó en la papelera.
Nada más ubicarnos en la sala de parto a las 14,00h del 10 de agosto me colocan la primera vía y me ponen un tampón de prostaglandina que dejan actuar 12 horas. Pasadas estas 12 horas me trasladan a monitores. Son las 4 de la madrugada del 11 de agosto. Primer y doloroso tacto, el cuello no se ha borrado y dilatación cero. Volvemos a la sala de parto y allí aprovechan un instante en que Patty no está para romperme la bolsa, ponerme la epidural y empezar con oxitocina a las 9 de la mañana. Todo esto, por supuesto sin preguntar, ni explicar y sin darme otra opción.
Me ponen otra vía con la medicación (magnesio) que hará que no corra riesgos de convulsión por mi hipertensión. Y además me colocan una sonda para controlar la cantidad de pis que hago. Y como guinda, deciden monitorizar al bebé internamente.
Todo esto significa que me encuentro tumbada en la cama, con un vía en cada brazo, el catéter de la epidural en la espalda, la sonda en la vejiga y la monitorizacion por la vagina y el tensiometro en el brazo izquierdo. Y con todo esto, me planteo como narices hacer todos aquellos ejercicios y posturas que llevaba 9 meses practicando…
Empiezan las contracciones y aunque no me duelen, las siento perfectamente. El anestesista ya me explico que no se me dormirían las piernas. Las contracciones se hacen cada vez más dolorosas y yo me pregunto dónde narices está el efecto de la epidural. Tras mucho quejarme por el dolor que se hace insoportable, a las horas vuelve el anestesista y confirma que el catéter se ha movido y por eso no me esta haciendo efecto la epidural. Eso significa que me la tienen que volver a poner. Con la dificultad añadida de compatibilizar las contracciones dolorosas con la inmovilidad necesaria para pinchar de nuevo. Y vuelven a echar a Patty de la habitación. Son las 5 de la tarde.
Con la nueva epidural funcionando, nos dan la buena noticia de que la dilatación está casi completa. Eso significa que he dilatado sin el efecto de la epidural. La matrona le enseña a Patty la cabecita de Nicolás. Ahora si que si, está cerca. El sufrimiento ha tenido recompensa. Ya sólo falta que baje un poquito más y empujar fuerte.
En esa espera, se produce cambio de turno y llegan nuevas ginecólogas. Es curioso porque aunque la anterior no fuera el colmo de la cercanía, al menos ya era conocida. La nueva, me hace un nuevo tacto y bromea con el tamaño de la cabeza de mi niño.
Nicolás se resiste a bajar, no es su momento. La matrona me invita a empezar a empujar para echarle una manita. Así que me explica como hacerlo y nos deja solitas practicando en cada contracción. Pero los esfuerzos son en vano, el bebé se ha desviado y no hay forma de que baje. Veo como entran las manos de la matrona en mi vagina para tratar de ayudar al bebé pero no hay manera. Dos horas más tarde, seguimos igual, así que me dan unos cuantos empujones más y si no será cesárea. Y yo me pongo a temblar al pensar en que después de todo esto el parto termine en cesárea. Pero ahora lo único importante es que Nicolás no sufra y la ginecóloga me dice que no podemos esperar más así que a las 21.00h decide ayudarle con con las espátulas. Cuando veo el tamaño de las espátulas, de nuevo me echo a temblar pero ya lo único que quiero es tocar a mi niño.
Para poder introducir las espátulas, es necesario hacer episiotomia, así que sin preguntar, me hacen el temido corte, introducen las espátulas y en pocos segundos, sin darme cuenta cómo, Nicolás está ya respirando en mi pecho. Ha nacido a las 21.45. Con sus grandes ojos bien abiertos. Es muy chiquitín. Apenas pesa 2 kilos pero está sano y tranquilo descansando junto a sus mamás.
Nicolás no se separó de nosotras en toda la noche, ni al día siguiente. Afortunadamente, las primeras horas de lactancia fueron un éxito y aunque Nicolás era muy pequeño, se descartó darle ningún alimento que no fuera mi leche porque su agarre era perfecto.
Aún hoy, nueve meses después, se me saltan las lágrimas al recordar el parto tan duro que tuve. Sin embargo, la vida me compensó con un postparto buenisimo pegada a mi bebé y disfrutando de una lactancia materna maravillosa que aún hoy tenemos la suerte de seguir disfrutando.
No sé si algún día volveré a parir, pero tengo claro que si llega ese momento, mi manera de vivirlo será muy diferente. Y aunque fuera muy duro, el parto que tuve, me ha servido para bucear en el apasionante mundo del parto y la maternidad y me ha dado la oportunidad de disfrutar de una maternidad consciente.
Gracias también a Yolanda, mi doula, por cambiar radicalmente mi posición frente al embarazo, el parto y la crianza. Sin ella, seguramente todo habría sido diferente.
Y por supuesto gracias a mi AMOR, Patty, por acompañarme, entenderme y ser un bálsamo para mis miedos y por darme la fuerza que necesitaba para parir.
Hoy sé, que parir es algo grande. Las mujeres somos poderosas por hacerlo incluso en condiciones difíciles. Ojalá algún día, cada mujer embarazada pueda disfrutar de su parto respetado.

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Una respuesta a Mi parto no respetado

  1. Ahora entiendo tu comentario en el post de mi parto… Has sido muy muy valiente. Contarlo y desahogarse ayuda a limpiar… Los pelos de punta. Mil besos!

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