Pon un bebé en tu vida

Cuando tomamos la decisión de no llevar a Nicolás a una escuela, nos parecía, que al menos durante su primer año de vida, lo más importante para él sería tener cerca a sus mamás durante todo el día. Llevamos ya dos meses de práctica y estamos plenamente satisfechas con la organización que nos hemos podido permitir. Nicolás pasa las 24 del día con una de sus mamás y tenemos la certeza que, por el momento, eso es lo único que necesita. Respetamos sus tiempos y su ritmo en su desarrollo y aunque a veces es inevitable hacerse preguntas tipo “¿no debería mantenerse ya sentado?”, rápidamente nos respondemos que cada bebé tiene un ritmo diferente y nada nos hace pensar que sea mejor sentarse antes o después.

Nicolás es feliz desde que se levanta hasta que se acuesta. Nos acompañamos mutuamente en los quehaceres diarios. Nosotras le acompañamos a él en su constante descubrimiento del mundo y él nos acompaña a nosotras en nuestras tareas diarias. Y todo lo hace con una gran sonrisa, tan grande como la nuestra.

Y eso que esta decisión, tiene sus dificultades, sobre todo porque supone una renuncia casi al cien por cien del tiempo personal. Nicolás es nuestra sombra, una prolongación de nuestro cuerpo y lo es desde que hace su primera pedorreta a las 8 de la mañana. El día a día es mucho más divertido con Nicolás colgado haciendo pedorretas o repitiendo sin parar “bababababa”, pero también es mucho más complicado.

A mi a veces me da por reírme cuando me veo tendiendo la ropa y cantando “estaba el señor don gato” a Nicolás desde la otra punta para no llore, o cuando me acerco a ver como va la compota de manzana (mi niño es muy fino y no le gusta la papilla de toda la vida con su manzana, su plátano y su naranja) y levanto la tapa de la olla y Nicolás alucina mirando el humo. Cada día es una aventura imprevisible y para mí,  que soy controladora de nacimiento, es toda una prueba de superación. Tengo una fuente gigante de masa de croquetas en la nevera y ni idea de cuándo podré montarlas. ¡¡¡Igual entreno al niño para que en lugar de sentarse aprenda a hacer bolitas con la masa!!! Así es nuestro día a día, cargado de emociones. Así hasta que dan las 21.00h. A esa hora es cuando recuperamos nuestra independencia, con nuestros dos brazos y los dos disponibles para abrazarnos o para freír un huevo o para comer sushi con palillos. Nicolás a esa hora duerme placidamente y sus mamás disfrutan de unas horas de pareja, de amor, de mimos, de pelis, de quedarnos dormidas abrazadas y de reírnos de nosotras mismas.

Nuestra vida ahora es apasionante, no salimos hasta las 6 de la madrugada ni nos emborrachamos hasta perder la compostura, tampoco hacemos viajes exóticos ni vamos a conciertos todavía, pero Nicolás no deja de sorprendernos y hace que cada día a su lado sea el plan mas apasionante y divertido.Imagen

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