Con amor, todo sabe más rico.

Ayer tuve una cita. Salí a cenar con mi amor en la que fue nuestra primera cita postmaternidad. Y me bebí un cocktail. Pensé que a Nicolás no le importaría. Cenamos de lujo en Chifa comedor, un restaurante no apto para detractores del cilantro. Unas cuantas horas sin nuestro bebé, solas ella y yo. Un verdadero regalo.
En la mesa de al lado un grupo de parejas pijas, muy pijas. Mientras nos levantábamos para marcharnos, uno de ellos le pregunta a otro si su mujer embarazada piensa darle el pecho al niño. No sé qué le respondió, pero su amigo le sugirió que no lo hiciera porque “así la Salus se lo lleva a las 8 de la tarde y te lo devuelve a las 8 de la mañana”. (La Salus es una mujer que se ocupa de dar de comer a tu bebé por la noche mientras tú duermes a pierna suelta).
Mientras caminábamos de vuelta a casa, no pude evitar contarle a Patty lo que acababa de escuchar. Estaba cabreada, indignada. Vale, cada una ejerce su maternidad como le da la gana. Si, ya sé que no está bien opinar sobre el modo en que otras personas ejercen su papel de madre/padre. Pero, joder, hay cosas que no puedo pasar por alto. Sobre todo, porque auguro que esa pareja que está a punto convertirse en padres, dentro de unos años, se quejarán si su hijo les da una patada en el culo.
Quiero decir, que no sé si es justo pretender que nuestro hijo se convierta en una maravillosa persona adulta, si antes de asomar su cabecita en este mundo, sus padres ya están pensando en cómo deshacerse de él para poder dormir sin interrupciones.
Las relaciones con nuestros hijos las construimos entre ellos y nosotros. Pero en sus primeros años de vida, necesitan recibir mucho, muchísimo y eso significa que tenemos que darles mucho, muchísimo porque eso que les demos será de lo que se nutra la relación. Me cabrea enormemente que la gente afirme con firmeza que los bebés sólo tienen tres necesidades; comer, dormir y tener limpio el pañal. Cubrirlas puede hacerlo cualquiera, mamá, papá y hasta una Salus, pero ¿realmente alguien con un mínimo de sentido común puede creerse que un recién nacido no necesita nada más?
¿Qué puede esperar la pareja del restaurante de la relación con su hijo si todavía no ha nacido y ya están pensado en quitárselo de encima para poder descansar? Creo que, de alguna manera, nuestros hijos a medida que se hacen mayores, nos dan aquello que han recibido en su infancia. Si reciben cercanía, querrán estar a nuestro lado, si reciben escucha querrán escucharnos, si empatizamos con lo que les pasa, nos buscarán para contarnos cómo se sienten.
Asi que, en lugar de echarles la culpa de todo cuando se convierten en adolescentes, sugiero que probemos a nutrir y cuidar la relación con ellos desde el día 0 (aunque esto suponga dormir menos) a base de amor, cercanía, escucha, comprensión y reconocimiento (y si puede ser con teta, mejor) favoreciendo un fuerte vínculo emocional y un apego seguro. No sé si esto garantiza una adolescencia más sencilla, pero sí una relación adulta empática y llena de amor. Y con amor, todo se resuelve mejor.

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