Se acabó lo que se daba

Se acerca, sigilosamente asoma la cabeza el fin de mi permiso de maternidad. Dentro de un mes tendré que volver a la carga. Ya no me quedan más días que arañar; maternidad, lactancia y vacaciones, los he gastado todos y aunque tengo tentaciones de gastar las vacaciones de 2013, no lo voy a hacer porque sé que me arrepentiré. Así que la cruda realidad me dice que dentro de un mes, dejaré a mi pequeño Nicolás y me incorporaré al trabajo como si nada hubiera pasado. Cogeré el metro, y nadie sabrá que he parido.[Las pocas veces que he salido a la calle sin Nicolás he tenido ganas de ponerme un cartel de “yo he parido” para que lo sepa la gente, porque parir no es cualquier cosa que se olvide cuando sales sin tu bebé. Pero este es otro asunto.]

Llegaré al trabajo deseosa de reencontrarme con mis compañeros (ell@s son lo único que me motiva) y volveré a hacer lo que hacía hace siete meses. No seré la misma, y seguramente mi forma de trabajar será diferente pero allí estaré, sin mi niño. Me encanta mi trabajo, tengo la suerte de dedicarme a lo que me gusta, pero, la verdad, podría vivir sin trabajar. Nunca pensé que lo echaría tan poco de menos. Hay quien me dice que me sentará bien, y quizá tengan razón, pero no me apetece.

Lo bueno es que entre Patty y yo nos hemos podido organizar de manera que Nicolás estará siempre con ella o conmigo. Quizá necesitemos a las abuelas o al abuelo algún ratillo, pero será excepcional. Gracias a mi reducción de jornada y a la flexibilidad del trabajo de Patty, hemos decidido que ésta será la mejor manera de organizarnos. Y seguro que Nicolás nos lo agradecerá. No nos gustaría tener que dejarle en la escuela  hasta que tenga dos años.

Pero, a pesar de las pocas horas que voy a trabajar, sé que va a ser duro. Y eso que sé que Nicolás va a estar en las mejores manos con su mamá, pero, honestamente, cuando pienso en marcharme, mi ego de super madre me hace pensar que mi chiquitín me echará de menos.

Volver al trabajo encierra toda una logística que hay que preveer con tiempo, como por ejemplo el tema de la lactancia. Nicolás sigue alimentándose exclusivamente de mi leche, y nos gustaría que fuera así hasta los seis meses, tal y como recomienda la OMS, pero eso implica que tengo que sacarme la leche y dársela en biberón y aunque va progresando, Nicolás sigue sin ser un apasionado de las tetinas y será la pobre Pat la que se enfrente al momento biberón. El sacaleches es lo más antierótico que se ha inventado. A veces me lo coloco y voy danzando por la casa mientras me ordeño y me indigna pensar en lo incompatible que resulta la lactancia materna con un permiso de sólo 16 semanas. Está claro que nuestros políticos no amamantan.

No sé si podré exprimir cada minuto con Nicolás, más de lo que ya lo hago, pero este último mes quiero que pase despacito y que cada segundo a su ladito sea como aquel primer minuto que nos cambió la vida.

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Una respuesta a Se acabó lo que se daba

  1. pobre… yo he cogido una excedencia, no podía dejar a mi bebé y mi chico curra en lo mismo, no había forma de organizarnos, voy poco a poco, pero creo que es la mejor decisión. Todo austa un poco. Como dejar a tu bebé y dejar de ser esa mujer pegada a un niño. Sin el bebé parece que te falta tu justificaión, como un trozo de de ti. Mucho ánimo y ojalá sea verdad que te siente bién. Besos te sigo leyendo

    Vir

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