Contradicciones de madre

Con la maternidad llega el incumplimiento de todas aquellas promesas que una se hace desde que se le pasa por la cabeza la idea de ser madre.  Antes de embarazarnos y sobre todo durante el embarazo, nos dedicamos, a hacernos promesas acerca de lo que haremos y, sobre todo, lo que no haremos cuando seamos madres. Cuando todavía no tienes a tu retoño en brazos, resulta arriesgadamente sencillo hipotetizar sobre la que crees que será la mejor manera de criarlo.

En este proceso, ayuda mucho el contacto con otros padres que te muestran directamente aquellas conductas que, por supuesto, tú como madre jamás reproducirás.

Pues bien, asumamos cuanto antes, que la maternidad es el trampolín que te lleva al incumplimiento reiterado de todas aquellas cosas que prometiste no hacer hace unos meses.

La mayor parte de esas promesas tienen que ver con la crianza del bebé. Empecemos por la más repetida, aquella que nunca hubiera querido incumplir; Nicolás se adaptará a nuestro ritmo de vida, le llevaremos con nosotras a todos sitios y se acostumbrará a dormir en cualquier lado. Pues bien, a pesar de que Nicolás ya ha estado hasta en un concierto con sus mamás, ha viajado en avión y ha tenido que permanecer mas de tres horas en un coche perdido en la montaña, me rindo ante la evidencia de que un bebé necesita tranquilidad y no todos los planes son aptos para él. Así que, renunciemos cuanto antes a las fiestas nocturnas y multitudinarias, a los restaurantes tranquilos y modernos y a los aperitivos interminables.

Ahí va otra; no meteremos a Nicolás en nuestra cama porque es un espacio de pareja. Pero ¿como no vamos a disfrutar de sus sonrisas matutinas mientras retozamos los tres juntos si es el mejor momento del día? ¿Y esa última cabezadita abrazándonos los tres antes de levantarnos?

La siguiente promesa tiene que ver con las canciones infantiles. Por supuesto yo ya me la he saltado; de hecho estoy a punto de crear una lista en spotify encabezada por ese gran disco llamado “cosas de niños”. Esto lo haré a escondidas de Patty que se mantiene firme en su promesa de educar a Nicolás musicalmente y se niega a que el niño escuche nada que tenga esa terrible melodía infantil repetitiva. Veremos cuánto aguanta sin cantar “el barquito que no podía navegar”.

También prometimos no cambiar de coche. Nuestro amado 500 nos llevaría a los tres al fin del mundo aunque antes de montarnos tuviéramos que encajarnos cual piezas de tetris. Tres meses han sido suficientes para desmontar nuestro plan y pensar en un coche de cinco puertas.

Y así una larga lista de promesas incumplidas, porque la maternidad vista desde fuera en nada se parece a la propia.

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