El comienzo de los comienzos…

Después de casi 9 meses de desesperante espera, Nicolás llegó el 11 de Agosto de 2012. A las 21,45. Tras muchas horas de dolor, incertidumbre, miedo, empujones y mucha mucha ilusión. El 10 de agosto acudíamos a una de las ultimas revisiones, mi tensión seguía descontrolada, y el pequeño Nicolás estaba estancado en su crecimiento. Así que la doctora decidió que ya no volvíamos a casa. Volvió Patty a por las maletas. Y yo, con el pelo sucio y sin depilar. Pero daba igual, ahora si, nuestro hijo iba a nacer.

Tras muchas horas de médicos, maravillosas matronas, oxitocinas, epidurales, y ese maldito tensiómetro que sólo nos daba disgustos, Nicolás asomó la cabeza. Patty y yo sonreímos porque no parecía muy peludo. Pero nuestro bebé no había elegido ese día para nacer y se resistía. Tuvieron que ayudarle con esas malditas espátulas que le dejaron la cabecita marcada. Marcas de guerra. Primer día en el mundo. Primer día de lucha. Dos kilos cientosetenta gramos de amor. Deditos como alfileres y unos ojos grandes como los de su madre. Patty rompe a llorar. El susto ha sido grande y todavía no somos conscientes. Nicolás ya está en mi pecho y yo no sé muy bien que hacer. Sólo quiero que no recuerde nada de este día tan duro para él.

Al fin los tres solos en la habitación. Cuánto amor. No nos separamos del pequeño en toda la noche. No hay dolor, no hay sueño, ya no hay miedo. Sólo ganas de no separarnos jamás.

Con el paso de los días, tanto Patty como yo, vamos integrando todo lo vivido, tanto en el embarazo como en el parto. Ella me confiesa que me engañaba sutilmente cuando dibujaba mi tripa en la pared para no alimentar mis miedos. Y yo se lo agradezco. Pero resulta que mis miedos, no eran sólo parte de mi imaginación. Las cosas no fueron bien. Pero Nicolás fue siempre un superviviente. Nuestro número 8.

En casa tratamos de hacer nuestro nidito. Y lo hacemos bastante bien. Nicolás parece sentirse a gusto en su nuevo hogar. Mis tetas, como era de esperar, fabrican leche de calidad para que nuestro niño crezca fuerte y sano. Patty, Nicolás y yo, ya estamos los tres, y las primeras sensaciones no pueden ser mas bonitas. Patty y yo nos entendemos, nos escuchamos y nos cuidamos. Nicolás nos regala millones de momentos de intimidad y su forma de reclamar es tan dulce que se hace irresistible.

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